Debajo de mi piel

porMónica Salmón

20 minutos

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Prólogo Es verdad que frente a la pérdida de un ser amado nadie puede explicarnos el dolor, pues éste parece no tener límites, porque su profundidad es enigmática e intransferible. Es verdad, también, que en una situación como ésta —la de la pérdida—, los seres humanos nos sintamos identificados los unos con los otros, acaso porque es la muerte la que siempre pone en relieve lo importante sobre lo trivial; y lo que siempre es importante es la vida. El libro que el lector tiene en sus manos es justamente eso, un testimonio de vida. Ésta es, ante todo, la historia de una mujer extraordinaria cuyas decisiones fueron tan libres y su voluntad de vivir, tan expansiva que enfrentó la muerte con la misma intensidad y entereza. Parece sencillo llevar a cabo esas máximas que nos recuerdan que conviene reír sin esperar a ser dichoso, no sea que nos sorprenda la muerte sin haber realmente experimentado plenitud; pero no es nunca sencillo porque la vida siempre está poniéndonos a prueba. Como tampoco es sencillo que al amar la vida de súbito tengamos que enfrentarnos a su final. El testimonio de existencia que Mónica Salmón nos ofrece habla de este tránsito. Al compartirnos la historia de su madre, conocemos el legado de una mujer que supo hacer de la vida, antes y después que se le diagnosticara cáncer, un entorno amoroso y fecundo. Se dice que únicamente aquellos que evitan el amor pueden evitar el dolor del duelo. Y es por eso que este libro es, además de un testimonio, una expresión solidaria; no sólo porque Mónica Salmón se propone dignificar la manera valiente en la que un ser querido y la familia enfrentaron la enfermedad y el proceso doloroso de la muerte, sino porque esta historia busca ser un trayecto compartido para aquellas personas que han pasado por una situación semejante. El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo a cenizas, escribió Shakespeare. Y ésa es la razón por la cual una sociedad tan afectada por la palabra cáncer necesita hablar. Cáncer es una palabra que ha marcado, sin duda, el lenguaje de nuestro tiempo. El término sigue causando un impacto social muy fuerte incluso en un periodo histórico como el actual, que muestra signos de evolución tanto en los campos de la ciencia y tecnología, como en aquellos en donde se busca entender emocionalmente las enfermedades de nuestra época. Por un lado, casi siempre hay una historia de cáncer cerca de nosotros; por otro, continúa siendo tan relevante el tema en materia de salud pública que la información disponible es vasta, condición que a veces resulta abrumadora porque se sabe tanto del cáncer que, al mismo tiempo, cuando éste llega, no se sabe nada de cómo enfrentarlo, de cómo hablar de él. Resulta paradójico que al haber tanta información sobre un tema tan sensible, sigan existiendo tantos tabúes a su alrededor. Tal es el propósito de este libro: hablar; no permitir que una experiencia tan avasalladora como la de una enfermedad que involucra no sólo al paciente, sino también a los que lo rodean nos quite la urgencia por expresar todo lo que se aprende en el proceso, desde conocer los extremos de emoción más justificados, hasta plantear los reclamos más necesarios. La vivencia individual del cáncer se convierte en una vivencia colectiva. Por eso Mónica Salmón, quien rompe el silencio una vez pasado el duelo, se encarga de poner énfasis en los detalles de los que casi no se habla: ¿En qué circunstancia se recibe un diagnóstico de dicha magnitud? ¿Cuáles son las primeras reacciones de los involucrados? ¿Cómo en medio de la incertidumbre se comienza a construir otra vida —pues es evidente que ese momento marca con claridad un límite y nos convierte en otro—? ¿Qué pasa con el mundo físico y emocional de una persona enferma? ¿Cómo la sociedad convive abierta o veladamente con las personas que tienen cáncer?

¿Por qué se establecen relaciones de dependencia con los médicos? Y ¿hasta dónde ellos, los médicos, se involucran como profesionales y como seres humanos capaces de ser empáticos frente al dolor y las circunstancias de sus pacientes? Aunque cada persona enfrenta la enfermedad de una manera única, lo que Mónica Salmón propone en la segunda parte del libro resulta edificante por cuanto busca proponernos una guía a través de la cual se puedan compartir ciertas experiencias. Experiencias que nos explican con sencillez tanto los procedimientos prácticos (de entre la muy específica terminología clínica, cómo identificar el diagnóstico, qué hacer después de saber un diagnóstico, a qué tratamientos acudir, cuáles son los efectos secundarios de los tratamientos, qué pasa con la alimentación y los cuidados para la persona enferma, etcétera), como aquellos que hablan del universo afectivo entre los involucrados (qué pasa con la ira, con la soledad, con la depresión, con la esperanza o pérdida de ella, con el conocimiento o con la negación de la situación, con los sentimientos de culpa, con la angustia). Este libro es una respuesta llena de solidaridad y franqueza a esa vivencia tan dolorosa y a la vez constructiva en términos de aprendizaje humano que la autora vivió al lado de su madre — quien lúcidamente denominó el cáncer como la Enfermedad del amor, pues creía, y con razón, que despertaba la fibra más sublime de las personas. Aún es largo el camino para entender cabalmente cómo puede sobrellevarse una enfermedad tan compleja, y de qué manera hacer posible que el apoyo requerido para enfrentarla, que es forzosamente multidisciplinario, sea también accesible. A pesar de los avances de la ciencia, todavía parecemos incapaces de darle cabida al dolor para entenderlo y manejarlo con la eficacia terapéutica disponible. En estas condiciones extremas en las que un cuerpo tiene un padecimiento grave, el dolor es biológico, pero también psicológico y social; es familiar y es del espíritu. Por eso hay que entenderlo y atenderlo. Aún es largo el camino para testimonios como éste, en el que Mónica Salmón nos comparte la experiencia de su duelo, que reconfortan y nos acompañan. A través de las palabras, la autora recupera la batalla de su madre contra el cáncer, para iluminar aquello que fue trance difícil y se convirtió al final en una lección mayor de humanidad. Ser testigos de su historia puede ayudarnos a trascender y a transformar la historia que cada quien trae consigo.

Dr. Juan Ramón de la Fuente




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