Todos los trabajos… ¡Son de Ventas!

porCindy McGovern

10 minutos

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Tengo tres verdades importantes que compartirte:

Primero, eres un vendedor. Todos los son, les guste o no.

Segundo, todo el tiempo deberías estar vendiendo, al menos de manera informal.

Y tercero, vender, aunque sea de manera informal, ayudará a tu carrera y negocio.

Lo sé por la siguiente razón: soy una profesora universitaria nata.O lo era. O pensaba que lo era. Ya no lo soy.

Soy una exprofesora universitaria. Resulta que soy una vendedoranata.

Resulta que soy muy buena convenciendo a la gente de hacer lo que le pido. Soy persuasiva, sé lo que quiero y me apasiona obtenerlo.

Esa pasión, en conjunto con lo que mi abuela llamaba mi “don de la palabra” y mi naturaleza extrovertida, parece ser contagiosa.

Si en verdad creo en algo, con frecuencia puedo contagiar a otros esa misma energía y confianza. Entonces querrán ayudarme, darme algo, trabajar conmigo o ser mis amigos.

Es un don, lo sé y estoy agradecida por eso, porque me ha ayudado a vivir lo mejor de mi vida, tanto en lo profesional como en lo personal.

Este don, esta energía y confianza, me ayudaron a cambiar mi carrera de profesora universitaria a consultora en ventas. Con el tiempo me llevó a aceptar a mi empresaria interna y abrí un negocio para ayudar a personas que no son vendedoras natas (y que es probable que no quieran serlo) a aprender a vender, y ser más exitosas.

Yo nunca me habría llamado vendedora cuando era profesora, pero, sin darme cuenta, vendía todo el día.

¿Adivina qué? Tú también. No importa en qué trabajes. No importa si eres extrovertido como yo, un poco tímido o, incluso, introvertido.

Ésa es una revelación importante porque, sin importar qué trabajo realices (profesor universitario, abogado, chofer de Uber, ingeniero de mantenimiento, recepcionista, programador o cualquier otra cosa), tienes que vender cosas. Tal vez no lo veas así.

Tal vez no te das cuenta. Pero lo haces. Todos los días. Cada día. Como profesora, vendía a mis estudiantes el asistir a clases y entregar sus tareas a tiempo. Como abogado, vendes a los clientes la aceptación de un acuerdo y a los jurados la idea de que tu cliente no es culpable. Como especialista de mantenimiento, vendes a quienes toman decisiones en tu compañía el concepto de mejorar el equipo que necesitas para tener un buen desempeño y a las personas con las que trabajas la idea de usar ese equipo de manera adecuada.

Como recepcionista, vendes a la gente que llama o se acerca a tu escritorio el pensamiento de que tú y tu compañía son amigables y valoran el negocio. Como programador, vendes a tus colegas o clientes la aprobación de tus diseños de páginas web y tus consejos. Como gerente, vendes a tu equipo el concepto de trabajar en conjunto para alcanzar una meta en común.

Sin importar el título de tu empleo, de manera inconsciente tienes que vender la idea de que eres competente, de que mereces confianza y de que es bueno trabajar contigo. Sólo con la forma en que hablas y te comportas, debes venderles a los clientes que conoces todos los días el pensamiento de que tu compañía es buena para hacer negocios con ella.

Todo el día vendes tus ideas. Vendes tu compañía. Te vendes a ti. Déjame contarte acerca de mi propia epifanía. Fue el momento que me llevó a donde me encuentro hoy.

Después de trabajar como profesora universitaria de comunicación durante cuatro años, me postulé para mi primer empleo no académico. Respondí un anuncio sobre un consultor para asesorar empresas especializadas en seguros. Nunca había sido consultora.


¡Gracias por leer a Cindy McGovern!

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