Brujas

porBrenda Lozano

10 minutos

Comparte el capítulo en

Eran las seis de la tarde cuando vino Guadalupe a decirme mataron a Paloma. No me acuerdo de horas, no me acuerdo de años, no sé cuándo nací pues yo nací así como el cerro nace, pregúntele cuándo nació al cerro, pero sé que eran las seis cuando vino Guadalupe a decirme mataron a Paloma cuando se arreglaba para salir, la miré en el cuarto, miré su cuerpo en el piso y sus resplandores de los ojos ahí los tenía en las manos y en el espejo se veían dos y las dos tenían los resplandores en las manos como si acabara de ponerse los resplandores en los ojos, como si Paloma se hubiera podido levantar para darme los resplandores.

Paloma había amado a varios hombres que no la querían, había amado a varios hombres que sí la querían y ahí estuvieron muchos hombres en el velorio que fue como una vela. Mi hermana Francisca y yo teníamos a Paloma de parte de mi papá, lo único que teníamos de su familia era a Paloma, hija de Gaspar, el hermano de mi papá también fallecido. Paloma era la única que traía en la sangre lo curandero de mi papá, lo curandero de mi abuelo, lo curandero de mi bisabuelo, ella fue quien me enseñó lo que sé, ella fue la que me dijo Feliciana eres curandera porque lo traes en la sangre. Ella me dijo esto se hace así, esto no se hace así, tú traes El Lenguaje, mi amor, ella fue la que me dijo Feliciana tú eres la curandera de El Lenguaje porque tuyo es El Libro. Paloma llegó a curar hartos hombres que no la querían y a hartos hombres que sí la querían les dijo su porvenir, curó hartas gentes y a otras les dijo su porvenir en las querencias florecidas o de alguna malquerencia que les marchitaba, las gentes la querían por eso, era buena dando consejos de amor, las gentes se reían con ella y la buscaban porque era buena dando consejos de amor.

La muerte llamó tres veces a Paloma. La primera vez la llamó cuando amó a un político, ahí la muerte le puso su huevo. La segunda vez la llamó cuando amó a un hombre malquerido, ahí la muerte le hizo trinos al oído con esa malquerencia. La tercera vez la muerte la llamó cuando amó a un hombre en la ciudad con una enfermedad aún no nacida pero a punto de nacer, y la muerte le cantó como el sol de lo claro que le venía la muerte a las seis de la tarde ese día que vino Guadalupe a decirme la mataron con los resplandores en las manos y la vi en el espejo dos veces y dos veces se veía demasiado viva si no fuera por la mancha de sangre que le crecía por debajo a Paloma. Pero qué terrible hora, me acuerdo qué terrible hora. Para mí eran las seis en todas partes del mundo de hoy, de ayer y de todos los tiempos, aunque en cada parte hay su reloj, su hora y su lengua, para mí en todas partes era la misma hora y para mí sólo había esta lengua y estas palabras eran las únicas porque Guadalupe me vino a decir mataron a Paloma. Eran las seis de la tarde en la sombra que hace el sol con la milpa ahí afuera, eran las seis en punto cuando se me fue El Lenguaje.

2

Tomé la nota sobre el asesinato de Paloma por la rabia que me da la violencia de género. Cada vez era menos tolerante a las noticias en torno a los feminicidios, violaciones y abusos, como a las bromas machistas que oía en la oficina. Reaccionaba ante situaciones y comentarios que ponían en desventaja a una mujer o a quien se identificara como tal y desde mi trinchera en el periódico quería hacer lo posible por hacer algo al respecto. Además, en este caso me interesaba conocer a Feliciana, me intrigaba mucho. Acepté la nota sin saber mucho aparte de lo conocido por todos: que es la famosa curandera de El Lenguaje, la curandera viva más conocida. Sabía que en sus ceremonias se valía de las palabras para curar milagrosamente y sabía que había historias de artistas, cineastas, escritores y músicos que habían viajado de todas partes del mundo para conocerla. Los profesores y lingüistas que habían ido a verla del extranjero a la sierra en San Felipe, sabía que había libros, películas, canciones y obras de arte que habían surgido de las visitas que le hacía la gente, no sabía exactamente cuáles, pero sabía que existían. Recibí una foto forense de Paloma tendida en el suelo en un charco de sangre al lado de una cama con una cobija con la figura de un pavorreal. En un correo de dos líneas me decía mi compañero de trabajo que Paloma era familiar de Feliciana, que ella la había iniciado como curandera, pero no tenía más información.

Lo sobrenatural nunca me llamó, lo esotérico menos. Todas las formas de lucrar con las creencias me parecen un fraude. Nunca me he leído el tarot, nunca he buscado mi horóscopo en las revistas. Alguna vez alguien me explicó lo que era una carta astral, no logré concentrarme y en mis adentros me preguntaba más bien qué había llevado a esa persona a interesarse tanto en la astrología. Alguna vez alguien me preguntó qué signo era mi hijo de dos años, no supe qué contestar, ahí mismo esa persona lo buscó en su teléfono y así me enteré de que Félix es Libra. Alguna vez un hombre borracho en una plaza con una voz ronquísima nos dizque leyó la mano a mi hermana Leandra y a mí cuando éramos niñas. De eso sólo me acuerdo del aliento alcohólico del supuesto adivino con enormes gafas de sol cuadradas que escupía al hablar. Siempre he sido escéptica, pero algunos episodios con mi mamá y mi hermana me hacían cuestionarme los poderes de la intuición. Me preguntaba de dónde venía eso, cómo se podía explicar. Quería saber quién era la famosa curandera de El Lenguaje y quería, en la medida de lo posible, esclarecer el caso de Paloma, saber quién era ella. Me gustaría decir que el asesinato de Paloma me llevó a Feliciana, así comenzamos la entrevista, pero esta no es la historia de un crimen. Confieso que pensaba que yo iba a ayudar con mi nota periodística, pero quien recibió ayuda al acercarme a Feliciana fui yo, sin saber que me urgía y esto, todo lo que aquí está escrito, lo fui descubriendo por ella. Esta es la historia de quién es Feliciana y de quién fue Paloma. Quería conocerlas. Pronto entendí que debía conocer mejor a mi hermana Leandra, a mi mamá. A mí. Entendí que conocer bien a una mujer supone conocerse a una misma.

Antes de partir resolví algunas cosas en la oficina. Me puse de acuerdo con Manuel y con mi mamá. Él llevaría a Félix a la guardería antes del trabajo, mi mamá lo recogería, lo llevaría a su trabajo en la universidad, estaría el tiempo que fuera necesario con él, se lo llevaría a la casa hasta que Manuel pasara por él. Más o menos así nos organizamos durante los días que me fui a San Felipe. Todavía no tenía idea de lo que venía, no me imaginaba ni de cerca el poder de la presencia de Feliciana. Todavía no me había dado cuenta de que ella supo desde la primera noche que la entrevisté por qué estaba allí, acaso por eso comenzó a hacerme preguntas en espejo que me llevaron del escepticismo a las ceremonias con ella.

Lo primero que encontré en internet la tarde que tomé la nota de Paloma fueron imágenes de Feliciana con un famoso director de cine y una sesión de fotos de ella fumando, en blanco y negro, tomadas por un fotógrafo gringo muy conocido en los noventa. Encontré varias veces el mismo retrato de Feliciana con Prince vestido de blanco y su símbolo, una mezcla del femenino y masculino, colgando del cuello en una cadena; algunos escritores que he leído, varias fotos de ella con un banquero en Estados Unidos de apellido Tarsone, con mucho poder en Wall Street y su eminente esposa pediatra, encontré que ambos habían hecho mucho por dar a conocer a Feliciana en el mundo luego de que vieron el primer documental sobre su vida y sus ceremonias, y, en una foto entre el banquero y la pediatra, me pareció que Feliciana no debía medir más de 1.50, noté que era aún más baja cuando la conocí en persona. Pero no encontré más que una foto de Paloma entre un grupo de rock argentino —escuché ese Unplugged miles de veces cuando tenía trece años mientras ensayaba batería en el garaje que compartía con mi papá los sábados que armaba y desarmaba coches o electrodomésticos de los compañeros de su trabajo o el de mi mamá—, y en esa búsqueda me sorprendió encontrar que una canción en ese disco, que yo me había aprendido de memoria pensando que hablaba de un viaje espacial, estaba dedicada a ella. Busqué cuántos años tenía Feliciana, su fecha, su acta de nacimiento, algo sobre el lugar en el que nació, pero no encontré nada.


¡Gracias por leer a Brenda Lozano!

Leíste 10 minutos

¡Tiempo de hacer historia! Participa en nuestro sorteo

Todos los derechos reservados Penguin Random House Grupo Editorial

Aviso de privacidad