La odisea del ser humano

porOsho

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El hombre nace con una potencialidad desconocida e incognoscible. Cuando un niño llega al mundo no está a la vista su rostro original. Tiene que encontrarlo. Será un descubrimiento y en eso se centra la belleza de todo. Tal es la diferencia entre un ser y una cosa.

Una cosa no tiene potencial, es lo que es. Una mesa es una mesa, una silla es una silla. La silla no se convertirá en nada más; no tiene potencialidad, sólo actualidad. No es semilla de nada.

El hombre no es una cosa. De ahí surgen todos los problemas y todas las alegrías, todas las dificultades, todos los trastornos. Un niño llega al mundo vacío, sin nada escrito, sin indicios siquiera de lo que podría ser, todas las dimensiones están abiertas. Es el primer fundamento que se tiene que entender: un niño no es una cosa, un niño es un ser. Todavía no es, sino que va a ser. Es un proceso y no es posible predecir en qué va a terminar o cuál será el resultado definitivo de las experiencias, angustias, ansiedades, éxtasis de su vida; no sabemos qué llegará a ser, finalmente. En un inicio no está a la vista la suma final de toda su vida. No viene con una carta de navegación. Todos los astrólogos te han engañado, los quirománticos te han engañado y pudieron engañarte porque hay una posibilidad de hacerlo. A los padres les preocupa qué será de sus hijos, y como su preocupación está fundada en el amor, son explotados por toda suerte de estafadores.

Esos estafadores pueden pronosticar: «Va a ser así o asá». No causan mucho daño, sólo se aprovechan un poco. Sus predicciones nunca se hacen realidad. El mayor problema viene de los sacerdotes, de los políticos, de los pedagogos. Al político no le interesa cuál sea el verdadero potencial de un niño, está interesado en que el niño forme parte de su ambición por el poder; invierte en los niños porque cada uno es un posible amigo o enemigo. Es bueno empezar con el proselitismo a la brevedad; por tanto, antes de que el niño lance su propia campaña, lo distrae por una trayectoria que corresponde a los deseos del político, pero que va a matar la semilla del niño. El sacerdote está interesado: tiene una inversión. El Papa es un Papa más poderoso si cuenta con más católicos en el mundo. Si los católicos desaparecieran, ¿de qué serviría el Papa? ¿A quién le importaría? Cuando nace, todo niño tiene cierto poder que pueden aprovechar políticos, sacerdotes…

En poco tiempo el niño se convierte en un pleno ciudadano del mundo: hay que contenerlo. Debe convertirse en católico si nació de padres católicos o si, por fortuna, es huérfano, así la madre Teresa puede cuidarlo y convertirlo en católico. Son inmensamente felices: cuantos más huérfanos haya en el mundo, más madres Teresas ganarán el premio Nobel; y más huérfanos significa que habrá más católicos. Cuantos más pobres haya en el mundo, más fácil es convertirlos al cristianismo.

Jesús dice que no vivimos sólo de pan. Esto es verdad cuando se trata de un auténtico ser humano, pero no de las masas. En lo que se refiere a las masas, te digo que el hombre vive de pan y nada más que pan. Y si únicamente hay masas, ¿dónde está el auténtico ser humano? Estos políticos, estos sacerdotes, estos pedagogos no dejan a nadie la libertad de llegar a ser auténtico para que pueda tener su rostro original, para que se encuentre a sí mismo.

En todas partes hay gente con intereses personales en los niños. Un niño es una tabula rasa, una hoja en blanco en la que nada se ha escrito; para todos es una gran tentación escribir en él. Desde luego, a los padres les gustaría escribir su religión, su linaje, su filosofía y sus orientaciones políticas porque el hijo deberá representarlos. El niño debe llevar su herencia. Si han sido hinduistas durante siglos, el niño debe ser hindú y transmitir la herencia del hinduismo a las generaciones venideras. No les interesa el potencial del hijo (a nadie le interesa). 

Están interesados en su propia inversión y, por supuesto, todos tienen un interés. Los padres invierten tanto en el hijo: lo traen al mundo, lo crían, lo educan, y todo está condicionado a ese punto, se diga o se calle. Un día, le dirán: «Hemos hecho mucho por ti, ahora es tiempo de que hagas lo que queremos que hagas». Es posible que no sean conscientes de su conducta, porque así fue como educaron a sus padres. Generación tras generación, se prolonga el mismo proceso. El maestro está interesado en que el estudiante lo represente. El catequista está interesado en que el discípulo sea un modelo de sus enseñanzas.

Quiero que recuerdes que todos están interesados en los niños por algo que a los niños no les interesa en absoluto. Pero un niño está desamparado y no puede enfrentarse a tantas personas. Son poderosas. El niño depende de ellas. Si quieren que se convierta en algo, tiene que convertirse en eso. Al niño le queda completamente claro que si está en contra de sus padres, se está comportando mal, los está traicionando. Estas ideas también las inculcan los padres, los sacerdotes, los maestros. El niño se siente culpable. Toda afirmación de su yo se convierte en culpa y todas las pretensiones de los padres, de los sacerdotes, de los educadores, de los políticos —que son puras simulaciones— generan grandes réditos. El niño empieza a aprender sobre política desde el principio: aprende a ser hipócrita, ruin. Sé auténtico y te castigarán. Entonces, para el niño es una operación aritmética sencilla y no podemos condenarlo por eso.

En una mejor sociedad todos entenderían la integridad de cada persona, respetarían el ser incluso del niño pequeño y no se le impondrían. Pero esa sociedad parece muy distante porque todos tienen sus intereses personales y no pueden detener su engreimiento, tienen que usar y explotar a los demás.

Un hombre se convierte en el presidente. Tú no pensarías que se convirtió en presidente a costa tuya, que eliminó algo en ti para llegar a ser el presidente de la nación. Si estuviera permitido que todos fueran únicos, originales, les resultaría imposible continuar a los que son presidentes y primeros ministros, a los que gobiernan el mundo y a quienes han destruido el mundo desde hace miles de años y lo siguen destruyendo.

Con individuos, habría sociedades de una clase totalmente diferente: serían comunas, no sociedades. No habría naciones, puesto que no harían falta.

¿Para qué hacen falta las naciones? La tierra es una sola. En los mapas se ven líneas trazadas, y sobre esas líneas se combate, se mata y se asesina. Es un juego tan tonto que si la humanidad completa no está loca, entonces no se entiende cómo es que prosigue. ¿Para qué se necesitan las naciones? ¿Para qué se necesitan pasaportes, visas y fronteras? Esta tierra nos pertenece toda: uno tiene el derecho de estar donde quiera estar. El sol no le pertenece a nadie, la tierra no le pertenece a nadie, la luna no le pertenece a nadie; el viento, las nubes, la lluvia… nada es propiedad de nadie. ¿Para qué se trazan esas líneas?

No se requieren naciones, salvo por los políticos, que las necesitan porque sin naciones no habría política; salvo por los generales, que las necesitan porque sin naciones no habría guerras; salvo por los fabricantes de armas, porque dejarían de producir. ¿Qué pasaría con las fábricas de armas y con la energía que consumen? Si no existieran las naciones, no haría falta manufacturar armamentos. ¿Para quién?

La solución más simple para salvar a la humanidad es quitar todas las líneas de los mapas, y nada más de los mapas, porque en la tierra no hay líneas. Quiten todas las líneas de los mapas y no habrá tercera guerra mundial, y no se necesitarán tantos ejércitos en el mundo. Millones de personas no hacen más que girar al flanco izquierdo, flanco derecho… Si alguien mirara desde arriba, se sorprendería. ¿Por qué millones de personas en el mundo no dejan de girar a la izquierda, a la derecha o de dar media vuelta y romper filas todos los días? Sin duda, pensaría que algo anda mal, que hay que enderezar alguna tuerca, algún tornillo.

Estas naciones sólo pueden existir si la personalidad es falsa. Esas iglesias y religiones sólo existen si no tenemos nuestro rostro original, porque a una persona que posee su rostro original, ¿qué le importaría acudir con el Papa? ¿Para qué? No hay motivos para acudir con ningún director religioso ni a ningún templo, a ninguna sinagoga. ¿Y por qué tiene que ser mahometano, cristiano o hinduista? ¿Por qué?

Con tu rostro original te sientes tan contento, tan inmensamente satisfecho y tan a gusto que no hace falta buscar nada: ya lo encontraste.

Pero estas personas no te permitirán encontrarlo. Van a distraerte por el simple motivo de que tienen ciertos engreimientos, poseen ideas peculiares y en aras de ello tienen que sacrificarte. Los políticos te sacrificarán por la política. Las religiones te sacrificarán por su tipo de política. Nadie está interesado en los niños, y la explicación es clara: los niños tienen que ser modelados según cierto patrón que encaja en una sociedad, en una nación, en una ideología particular. A todos los sacrifican por una tonta ideología, teología, política, religión. Por eso la gente se distrae.

Pero el niño lo tolera porque simplemente no sabe en quién se convertirá. Como es natural, depende de sus padres, de sus mayores, de aquellos que saben más. Y no está consciente de que en realidad no saben más, sino de que están en el mismo barco, tan ignorantes como el niño. La única diferencia es que, además, el niño es inocente. Son astutos pero ignorantes, y precisamente por su astucia ocultan su ignorancia detrás de conocimientos prestados. Nadie les pregunta: ¿qué sabes, cuáles son tus conocimientos? Si no es tu conocimiento, déjalo, no tiene ningún valor. ¿Lo que haces es lo que aspiras a hacer? ¿Oyes cómo repica una campana en tu corazón? Si no, ya no desperdicies un minuto más.

La gente sigue haciendo lo que otros la obligaron a hacer y la van a seguir obligando. Es muy improbable que los padres dejen de obligar a sus hijos a ser imágenes de sus propias ideas, que los maestros dejen de imponerles lo que «saben», como si de verdad supieran. Seguirán fingiendo que saben.

Tal es el punto que quiero que veas. Hasta ahora, lo has aceptado todo: lo que sea que te hayan dicho, lo aceptaste. Tienes que empezar a cuestionarte, a dudar. No tengas miedo de las autoridades: no hay autoridades. Krishna, Cristo, Mahoma o Mahavira; ninguno es una autoridad. Y si son una autoridad, lo son para ellos mismos, no para ti.

Serás una autoridad únicamente si un día llegas a conocer la verdad sobre tu rostro original. Entonces tampoco serás una autoridad para nadie más. Nadie puede ser una autoridad sobre otro. La mera idea de autoridad tiene que desaparecer del mundo.





 


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