Cuentos para niños que se atreven a ser diferentes

porBen Brooks

5 minutos

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ACHMAT HASSIEM
(NACIDO EN 1982) 

Una tranquila mañana de domingo en Ciudad del Cabo, Achmat y su hermano Tariq estaban con sus amigos en la playa practicando para el examen para ser guardacostas. En el examen algunas personas fingirían ahogarse y otras zarparían en un bote para salvarlas. Tariq nadó y flotó, y Achmat permaneció cerca de la costa. Ambos esperaban ser rescatados.

De pronto Achmat vio una enorme y oscura silueta que se dirigía a su hermano a toda velocidad. No estuvo seguro de lo que era hasta que vio una aleta negra salir del agua. Era un enorme tiburón.

Achmat chapoteó y gritó desesperadamente para tratar de distraerlo. Su táctica funcionó, el tiburón giró y se dirigió a él mientras el bote de rescate tiraba de Tariq para llevarlo a un lugar seguro.

Pero no hubo tiempo de que el bote llegara a Achmat. El tiburón avanzó apoyándose en su cola. Abrió la mandíbula y dejó ver las hileras y más hileras de dientes sangrientos, desiguales. Achmat trató de escapar pero no pudo moverse. Al mirar abajo descubrió que toda su pierna estaba en la boca del tiburón.

En el último instante apareció su hermano con la mano extendida y lo arrastró hasta subirlo completamente al bote.

Cuando Achmat despertó en el hospital, se deprimió porque le faltaba una pierna. Siempre le había encantado nadar y practicar deportes, y le preocupaba no hacerlo de nuevo.

Luego lo visitó Natalie du Toit, una atleta que perdió la pierna cuando tenía diecisiete años, pero llegó a ser nadadora paralímpica y a ganar medallas en tres juegos paralímpicos distintos. Natalie le dijo que debía esforzarse; tiempo después Achmat también ganó competencias en los juegos paralímpicos.

Cuando apareció caminando para la carrera final, el público coreó: “¡Chico tiburón! ¡Chico tiburón! ¡Chico tiburón!”


AI WEIWEI

(NACIDO EN 1957) 

Imagínate en el interior de un salón completamente gris y tan grande como una catedral. Imagina que en el salón hay cien millones de semillas de girasol. Ahora imagina que en lugar de florecer cada una de esas semillas fue pintada por una persona.

 Lo que acabas de imaginar es una de las obras más famosas del artista Ai Weiwei. Desde su perspectiva, la obra está realizada con cien millones de piezas, de la misma manera que China es un país conformado por 1300 millones de ciudadanos, y que nosotros somos una especie de 7000 millones de personas.

Ai dice que el propósito del arte es luchar por la libertad. En China, donde él nació, a veces los habitantes no tienen las mismas libertades a las que está acostumbrada la gente en otros países. Cuando Ai criticó al gobierno, por ejemplo, cerraron su blog y lo empezaron a espiar. Escuchaban sus llamadas telefónicas y lo seguían en la calle.

Luego, un terremoto mató a miles de niños en China. Para ahorrar dinero, el gobierno había construido escuelas de mala calidad que se derrumbaron cuando el suelo se sacudió, y los niños quedaron atrapados entre los escombros. Entonces Ai expresó su enojo a través del arte.

La policía lo golpeó por haberles contado la verdad a todos, y Ai hizo arte con las tomografías craneales que le hicieron en el hospital.

El artista no tenía permitido salir de casa.

El gobierno incendió su estudio y lo mantuvo bajo arresto ochenta y un días. Para mostrar lo furioso que estaba con ellos, ¡se filmó rompiendo un florero chino de ochocientos años de antigüedad que valía un millón de dólares!

“Yo hablo en nombre de la gente que tiene miedo de hacerlo”, dijo Ai.

¿Por qué?

“Porque todos somos diminutas semillas de girasol, pero también formamos parte de algo más importante.”






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