Se curan rotos, descosidos y deshilachados

por Alex Toledo

7 minutos

Comparte el capítulo en

Quiero empezar afirmando con certeza que, afortunadamente, las cosas cambian, la vida cambia y las personas también. Uno se va transformando conforme pasa el tiempo y vive experiencias, y de repente, al mirar atrás, te ves en un lugar diferente de donde comenzaste y te percatas de que efectivamente todo es distinto, para bien o para mal, y sin duda nada tiene que ver con el punto de partida.

Cuando te enfrentas a pruebas difíciles, a momentos críticos de la existencia, de esos que te dan un vuelco de ocho mil grados, en los que no puedes ni imaginarte lo que te espera y te aterra la idea de estar solo en el mundo, como romper con un ser profundamente amado, como recibir un balde de agua fría porque la gente no siempre es como se pinta a sí misma, o como tomar la decisión de salir del clóset —o dejar Narnia, como suelo decir—, el miedo con frecuencia es tu primer compañero, y aunque no es el mejor, sí ayuda un poco a sobrevivir ante tanta hostilidad que pueda encontrarse allá afuera, o incluso en tu interior, si eres de los que se juzgan con dureza.

Pero, al cabo de la tormenta, te das cuenta de que has avanzado en el camino, un camino que, sin lugar a dudas, te va llevando a conocer a mucha gente con la que compartes cosas y momentos. Gente con la que a veces te quedas por un rato, una estación o una temporada entera.

Cuando aprendí eso, decidí que era hora de exponer al mundo mi propia visión de las cosas. Al principio escribí sobre mi sexualidad, no sólo para otros, sino para entenderme yo. Cuando logré comprenderme y después de la primera vez que me rompieron el corazón, mi enfoque cambió por completo y me obsesioné con escribir sobre los diversos matices que hay en las relaciones humanas, sobre todo en aquellas donde el amor, la pasión y las emociones están presentes. Y en este caso, ¿quién mejor para hablar de amor, desamor y corazones rotos que alguien que ha valido ver$%@ en el amor más de una vez? Exacto, nadie.

Fue así como, después de un tiempo de publicar mis textos semana a semana en mi propio blog (que pueden visitar: alextoledo.com) y luego de muchas experiencias a cuestas, me armé de valor y me dispuse a darles un giro a mis artículos y llevarlos a otro nivel para que llegaran a más personas, más lectores…, más #Soperos, que es como yo suelo llamar a muchos de ustedes que me leen desde hace años, debido al nombre que lleva una de las secciones de mi blog: #LaSopaDeAlex. Seguramente muchos saben de lo que les hablo.

Así nació este libro, que, motivado por las sugerencias de muchos de ustedes, amigos cercanos y colegas, puede hoy finalmente ver la luz del día y aportar un poco de calor y refugio a todos aquellos corazones que, por distintos motivos, han decidido que es mejor ser un témpano de hielo por temor a pasar de nuevo por lo que una y mil veces han sufrido.

Pienso que, tal vez, muchas de las palabras aquí escritas son en parte las que, en su momento, a mí me habría gustado leer o escuchar, para saber que, por fortuna, los corazones rotos sanan y que esto del amor no debería ser tan azotado ni mucho menos un melodrama al estilo de las peores series de la tele.

Pero ¿por qué un libro como éste?

Simple: porque, como ya lo dije, todos hemos sufrido por un corazón roto. No hay nadie sobre la faz de la Tierra que no conozca lo que es. Aquí y en China, valer tres kilos de reata en el amor se siente igual y duele un chingo. Pero con el tiempo uno va creciendo y aprende a manejar esas experiencias y el dolor que causan (o eso creemos), al menos lo suficiente como para no terminar (tan) ahogados en nuestra propia miseria amorosa y tener la claridad necesaria para por fin entender una dura realidad: lo que apesta no es el amor, somos nosotros, nuestras pendejadas y las de otros. Desaciertos sustentados en creencias erróneas que el mundo nos ha vendido y nosotros mismos —sí, porque nosotros también tenemos un poco (mucho) de responsabilidad— hemos aceptado como verdades respecto al amor propio y con otros, cuando las cosas son en realidad mucho muy diferentes de como nos enseñaron Disney o las telenovelas.

Así que, una vez advertidos, les doy una cálida bienvenida a estas páginas que no son más que el resultado de muchos artículos reunidos que, a lo largo de algunos años, han sido escritos con cariño y con todas las herramientas necesarias para reconstruir hasta el corazón más jodido y responder a la pregunta que Cher tanto repetía en su canción: “Do You Believe in Life after Love?” Y sí, efectivamente descubres —tal como lo hice yo— que, a pesar de las batallas perdidas en el terreno amoroso, sí hay vida después del amor e incluso hay mucho más y mejor amor. Cuando entiendes eso, ya no hay parches ni rasgaduras que enmendar; ya no hay rotos ni descosidos, sólo completos dispuestos a encontrar a otros completos.

Que lo disfruten tanto como yo,

Alejillotol

I

Por si quedó
algo que decir,
escúpelo!

Vamos, tanto tú como yo sabemos que no estás del todo bien — al menos no todavía— y quieres desahogarte. Sabes que en el fondo te quedaste con muchas dudas sin resolver y con aún más cosas sin decir. Asuntos que tal vez jamás has podido sacar ni gritarle a quien se fue de repente o a quien osó dejar tu corazón como establo de granja: hecho un chiquero. Pero descuida, ven, ya, ya pasó, no chilles. Con lo que estás a punto de leer, si no se cura por completo tu corazón, por lo menos sí mandarás directo a la mierda eso que ya es hora de superar. Ponte cómodo(a), la casa invita.

Cuando te fuiste
y me sobró amor
para darte

Nos han contado mucho sobre cómo entregar el amor, cómo cuidarlo y cómo hacerlo crecer, pero también sería útil un manual que nos dijera qué hacer con los sentimientos que se quedan cuando alguien ya no los quiere.

Y entonces ocurre lo peor que le puede pasar a un corazón en estos tiempos. De repente te dicen que se acabó, que ya no hay más y que es mejor dejar las cosas así. Al inicio aparece la confusión y quieres explicaciones. El tiempo te ha enseñado que no puedes obligar a nadie a estar contigo y por eso sabes aceptar la realidad y soltar. Pero también has aprendido que todos merecen un porqué y en este caso tú quieres conocerlo. Después de un ir y venir de explicaciones —salpicadas de dramas y llantos— con las que no estás muy de acuerdo, finalmente ambos se dicen adiós. Sin embargo, pronto te das cuenta de que el verdadero problema no es aceptar que se acabó, sino saber qué hacer con todo ese amor que te queda y que no alcanzaste a dar.

Por eso buscas un parche. Pero no para sustituir a quien se fue, sino para deshacerte de lo que te sobró; en otras palabras, buscas un bote de basura, un consuelo pasajero para darles salida a esos sentimientos que se quedaron en el cajón. Sólo después tomas conciencia de que tal vez no fue la mejor solución porque esos sentimientos y ese amor eran únicamente para alguien que se fue y para nadie más, ya no los puedes reciclar porque están marcados y siempre lo estarán. Sabes que los besos y abrazos que faltó dar aún tienen su nombre y apellidos.

Sabes que volverás a amar a más personas, de otra forma, que les darás otro amor, otros besos y otras caricias, pero nunca del mismo modo que en el pasado, con esa persona. Y eso no es tan malo, ¿sabes? Te permite seguir explorando lo mucho que puedes llegar a amar. Además, el amor es un recurso renovable en el ser humano; únicamente debe encontrar un motivo. Sólo piensa que más adelante seguro volverás a encontrar otro motor para impulsar el amor en ti.

Es en esta etapa cuando ante ti aparecen dos opciones: resignarte y esperar que el tiempo haga su trabajo para que ese amor desaparezca, o quedarte estancado en lo que ya no pudiste seguir dando porque esa persona se marchó y hacer de ello un gran muro impenetrable que te impedirá relacionarte en el futuro con alguien que tal vez no te hará sentir el mismo amor, sino uno mucho mejor, más intenso y duradero. Alguien que no te dejará a la mitad del camino con tus sentimientos enredados en la mano y que, al contrario, siempre querrá más de ti. Alguien que te enseñará que el amor nunca se acaba y que en la vida nunca se ama igual, porque cada amor y cada historia son diferentes de la anterior.

Un día vas a entender por qué
no funcionó con nadie más.

Con frecuencia nos atoramos en la absurda idea de que no volveremos a sentir jamás un amor de la misma forma y, posiblemente, en eso tengamos razón. A lo largo de la vida, cada persona nos enseña cosas nuevas y nos hace vivir experiencias diferentes; gracias a ello, con cada momento del camino uno se vuelve más sabio, maduro y experimentado. Por eso, nunca se quiere igual dos veces. El amor nunca se acaba, siempre vendrá alguien más con suficientes motivos para hacernos volver a sentirlo y tener razones para entregarlo de nuevo. Dejamos de ser poco a poco carbón para convertirnos en ese diamante que espera salir a luz y encontrar a su igual.

Así que, si eres de los que tienen el corazón resquebrajado y colgando de las manos, no te preocupes. Acepta la idea de que no puedes hacer nada con ese amor de sobra porque ya no tiene “dueño” y el único que tenía se fue. Acepta que el tiempo es la mejor medicina para hacer que esos sentimientos se diluyan hasta que dejen de doler. Pero también ten en mente que cada experiencia y cada persona no son más que un entrenamiento que pone a prueba y refina tu capacidad de amar, porque va a llegar un día en el que alguien quiera quedarse con tu amor para siempre, alguien que también traerá un pasado lleno de amores fallidos, igual que tú. Entonces, también querrás quedarte con su amor para siempre. Ese día vas a entender que todo lo que viviste era necesario porque tenía una razón de ser y esa razón era hacerte encontrar a la persona indicada.

Carta para el
que te dejó ir

Hay quienes dejan pasar al “chico bueno” porque tal vez les da miedo que alguien así de lindo los quiera como ellos no saben quererse.

Lo más triste de un chico bueno es que jamás va a retener a nadie a la fuerza. Más bien, el chico bueno da lo mejor de sí para que sea el otro quien vea aquellas cualidades y decida quedarse por cuenta propia. Porque, en el fondo, es lo que realmente desea que el otro haga, aunque nunca lo va a exigir. Por eso, y de parte de todos aquellos chicos buenos que hay por ahí afuera (incluido tú, que estás leyendo), esta carta es para aquel que abandonó y despreció lo mejor que le pudo pasar en la vida.

A ti que lo dejaste ir:

Sabías perfectamente en qué te estabas metiendo. Él te dijo y te demostró que era bueno, que era el indicado para ti. Confió rápidamente y te dio todo lo que pudo. Ese “chico bueno” que dejaste ir pensó que estaba haciendo bien las cosas, ¡y de verdad lo hacía! Él estuvo ahí cuando lo necesitaste e hizo de todo para asegurarse de que supieras cuánto puedes importarle a alguien más.

Vivimos en una generación en la que todos tenemos que usar máscaras y jugar roles para sobrevivir en el campo de batalla que es la vida romántica del siglo XXI. Ya no existe la idea de dar todo sin reservas a quien te quiere. Participamos en estos juegos en los que estar disponible sólo puede pasar a veces, en los que hacerse el difícil es la prioridad. ¿Por qué?

Pensaba que la meta final era eventualmente sentar cabeza. Quiero decir, ¿cuál es el punto de tener citas si no quieres que te lleven a ningún lado? Si una relación de una noche es lo que buscas, deja a los chicos buenos en paz y juega en las ligas menores o en cualquier sitio que esté a ese nivel. Mejor ahórrate tiempo y energía, porque el chico bueno no te dará motivos para que lo abandones tan fácil. Al chico bueno le importas, así que si te vas, ten por seguro que exigirá una explicación aunque sepa que será un montón de mentiras.

He oído a muchos como tú decir que los famosos “chicos malos” también los prefieren porque ustedes representan un desafío que tienen que superar, entrenar y forzar hasta convertirlos en algo más que un idiota. Sin embargo, ¿alguna vez has pensado que quizá tú eres el que necesita aprender lo que realmente significa sentir de nuevo? Si lo piensas bien, esos chicos malos que tanto te gustan no son más que un montón de imbéciles que al final te dejan igual de vacío que al inicio.

Todos hemos pasado por cosas que nos hacen cambiar; tú lo has vivido y yo también. Es normal y parte del viaje experimentar lo que se siente tener un corazón roto, pero al final el dolor pasa. El problema está en que un chico malo no va a arreglar el daño que te hizo quien estuvo antes de él, que también fue un idiota porque te dejó deshecho. Su prioridad no eras tú y no podías serlo.

Creo que por eso ahora eres un amargado y te cierras a cualquier cosa que sea, por mucho, más satisfactoria que un acostón de una noche con alguien que ni siquiera te gusta tanto y que quizá ni te lo hará tan bien. ¿Ves? Así fue como te convertiste en uno de ellos; uno de esos malos que ahora va por ahí arruinando historias e inventando puro cuento, haciendo básicamente lo que alguien más hizo contigo cuando eras el bueno.

Pero, claro, no me negarás que ser imbécil es divertido y que pasar un rato así con otro igual tiene sus ventajas a pesar de que nada es seguro. Sin embargo, cuando todo está dicho y hecho entre tú y ese otro parecido a ti, ¿te sientes más lleno y plenamente satisfecho? ¿Fue algo significativo en v ...


¡Gracias por leer a Alex Toledo !

Leíste 7 minutos

Llena el siguiente formulario y acumula el tiempo leído. Por cada 10min registrados en esta plataforma, Penguin Random House donará un libro a a Save the children.

¡Deja que los libros te inspiren! Participa en nuestro sorteo

Todos los derechos reservados Penguin Random House Grupo Editorial

Aviso de privacidad