Tu momento estelar

por Luz María Doria

7 minutos

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Colorín colorado,
ESTE CUENTO HA COMENZADO

“Hoy he agregado una nueva definición a la palabra éxito:

Éxito es que te quieran todos aquellos que tú quieres”.

JORGE RAMOS, 
20 DE AGOSTO DEL 2016

Con esas palabras cerré los ojos el 20 de agosto del 2016 y me acosté a dormir convencida de que estaba viviendo mi momento estelar.

Días después supe que me había equivocado. Y en este libro te voy a contar por qué.

Ese mensaje de texto que me envió Jorge Ramos después de servirle de padrino a La mujer de mis sueños —mi primer libro— y de presentarlo oficialmente el día del lanzamiento, fue la culminación de un día que yo llevaba año y medio esperando.

O que quizás, sin saberlo, había esperado toda la vida.

El mensaje de Jorge resumía el significado de lo que había sucedido horas antes en la librería Books and Books de Miami, atiborrada de libros y de gente. Atiborrada de gente que quiero mucho y que tal vez solo se hubiera juntado para despedirme en mi funeral.

Pero no era mi funeral.

Era un nuevo nacimiento a mis 51 años. Todos se reunieron allí para darme la bienvenida a mi nueva vida de escritora.

Y es que allí estaban no solamente los que habían sido mis jefes. También estaban los jefes que los habían contratado a ellos y que, por cierto, también los habían despedido.

Los invité a todos porque quería que supieran lo importante que habían sido en mi vida, y quería que les quedara muy claro el impacto que podían tener en la vida de otra persona.

Tal vez no lo sabían, pero cada uno de ellos me había llevado de la mano del alma en este camino que me condujo hasta mis propios sueños cumplidos.

Alguien con un sentido del humor muy ácido me dijo al día siguiente: “Si cae una bomba esa noche en ese lugar, se pierde más de la mitad de la historia de la televisión hispana en los Estados Unidos”.

Yo solo sabía que todos ellos: jefes, amigos, periodistas, compañeros de trabajo, familiares y conocidos eran los protagonistas de una de las noches más felices de mi vida.

La noche en que estaba presentando al público mi gran sueño: mi primer libro.

Era una noche importante para los miedosos, para los tímidos, para los que pensaban, como pensé yo alguna vez, que nunca iban a lograr lo que querían. Para que todos ellos entendieran —y entiendan, como lo hago yo ahora— que venimos a la vida con un libro invisible, que es nuestro guion, lleno de páginas escritas por el universo y de otras en blanco, que solo se escribirán felizmente si somos capaces de luchar con coraje por nuestros sueños.

Karma, ya no creo en ti

Unos minutos antes de la presentación, Jorge Ramos y yo nos encontramos en un cuartico atrás del local. “Yo te presento y luego tú hablas unos 20 minutos”, me dijo el valiente periodista de corazón generoso, que fue el mejor productor que pude tener esa noche, y quien, con una simple sonrisa, me dio la paz y la seguridad que necesitaba.

Jorge Ramos no es mi amigo, siempre lo aclaro para que la gente logre entender el tamaño de su generosidad. Él mismo se ofreció a escribir la contraportada de mi primer libro y aceptó acompañarme durante la presentación en Miami.

Meses antes había vivido uno de los momentos más trascendentales de su carrera al ser expulsado por el entonces candidato Donald Trump de una conferencia de prensa en Iowa, cuando intentó preguntarle cómo iba a deportar a 11 millones de indocumentados. Trump no se imaginó que, gracias a su falta de respeto y arrogancia, Jorge Ramos iba a vivir uno de sus momentos estelares. Gracias al desplante de Trump, la popularidad de Ramos se multiplicó en Estados Unidos entre hispanos y anglos.

Hoy, ya hasta existe un best seller escrito por Jorge llamado Stranger, con la foto de ese momento incómodo en la portada.

Primera lección de este libro: los momentos incómodos pueden dar paso a momentos estelares.

Por todo eso, sinceramente, para mí era casi irreal que Jorge estuviera ahí conmigo esa noche a punto de presentar mi primer libro. Pero la vida nos sorprende y en este libro yo quiero llevarte a hacer un recorrido por todas esas sorpresas que el universo también tiene listas para ti.

Todos, seamos honestos, nos imaginamos secretamente ese momento estelar que queremos vivir y que, sin permiso, nos da vueltas y vueltas en la cabeza. Ese minuto en que por fin ves el sueño cumplido y empiezas a recibir todo eso en que pensaste tantas veces en los semáforos en rojo o mientras subías y bajabas por Instagram o cuando te quedabas en pausa, mordiendo el lápiz, antes de firmar un cheque para pagar una cuenta… O en el que pensabas todas las noches, hasta quedarte dormido, mientras abrazabas la almohada.

Esa noche yo me di cuenta de que ese sueño cumplido no es como uno se lo imagina.

Es mucho mejor.

Y que vale la pena todo, absolutamente todo lo que has vivido para llegar hasta él.

Y justo aquella noche feliz empecé a creer más en la amistad y dejé de creer tanto en el karma. Si esa ley fuera realmente cierta, pensé, yo merecería que este lugar estuviera vacío, porque durante toda mi vida he dejado a todo el mundo esperando en los eventos. No me gusta la vida social.

Esa noche comprobé que el karma no le pasa la cuenta ni se venga de las amigas que, como yo, dejan plantadas a otras amigas en sus fiestas. A las almas buenas, pensé, nunca las abandonan el resto de las almas buenas.

Tengo que confesar que a mí no me preocupaba mucho si el lugar se llenaba o no. De hecho, nunca me pasó por la cabeza la importancia de que hubiera o no mucha gente. Yo lo que más deseaba es que todo el que asistiera saliera convencido de que los sueños se cumplen si uno pierde el miedo a luchar por ellos.

Ahí estaba yo, la miedosa de Cartagena, la productora que siempre estuvo detrás de las cámaras, la que nunca asistía a eventos para no mezclar el trabajo con la vida personal, lanzando un libro de su vida, con su foto en la portada y de la mano de una personalidad mundial.

(Razón tiene el gran Guillermo Arriaga cuando dice que todos los escritores son unos vanidosos.)

Aquel sueño de inspirar a todos los miedosos del mundo y de demostrarles que podían dejar de ser invisibles había comenzado muy bien.

Los que me conocen y los que me han leído saben cuánto me ha costado hablar en público. Que me sudan las manos y a veces hasta me quedo en blanco. Sin embargo, mi vida como escritora me estaba enseñando rápidamente, desde aquel primer día oficial, que para vivir nuestro momento estelar hay que ponerle una zancadilla al miedo, tumbarlo al piso y pararse encima de él.

La vida: ese juego donde todos tenemos derecho a ganar

Si tú apenas me estás conociendo te lo puedo explicar mejor: siempre he sido una de esas miedosas invisibles. Yo soy de las que prefería mojarse antes que usar paraguas.

Yo no acepté una fiesta de 15 porque me daba vergüenza ponerme un traje largo y bailar ante 400 ojos mirándome (tengo que reconocer que mi papá, que no sabía bailar, tampoco ayudaba mucho para motivar el sueño).

Yo no me quise casar por la iglesia de solo pensar que en el trayecto hacia el altar me iba a enredar en el vestido de novia y me podía caer. Legalicé ante Dios mi matrimonio el día que bauticé a mi hija Dominique, y lo hice a propósito para que la protagonista en la iglesia fuera ella y no yo.

Y de pronto escribo un libro y se vuelve más importante lo que puse en aquellas 260 páginas que lo que precisamente viví antes de contarlo en ellas.

Recuerdo que esa noche en Books and Books volví a confirmar que a todos nos pueden pasar las cosas que soñamos, que nuestra vida puede cambiar de la noche a la mañana y se puede saborear el éxito, siempre y cuando esas cosas que soñemos tengan un buen ...


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