Indomable

por @SrtaBebi

3 minutos

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La niña que jugaba con cerillas

Desde que nací, lo tuvimos claro.

El fuego y yo nos fascinamos mutuamente. Pasaba horas y horas con una caja de cerillas, encendiéndolas una a una, observando la reacción y el humo de después, oliendo a fósforo consumido. Así que él, que había vivido muchas vidas más que yo, supo mucho antes lo que ocurriría más tarde. Y la sociedad, y las personas que la componen, se dedicaron sin saberlo (o sin importarles) a preparar la bomba que explotaría años después.

El proceso de ignición comenzó muy pronto; como niña, se me negaba el acceso a muchas cosas y se me pervertía moralmente para inclinarme hacia muchas otras. Aproximadamente a los ocho años ya habían conseguido que estuviera literalmente hasta el coño de todas sus superfluas modas de juguetes y peinados. Y como en todo proceso de combustión, si la cosa se continúa calentando, acaba comenzando a arder. Así que, a los trece, ya era el proyecto de toda una bomba de relojería. Solo podía pensar en una cosa: todas esas chicas miedosas sufriendo por todas esas gilipolleces. A partir de ese momento, el proceso fue mucho más rápido. La chica que jugaba con cerillas, o sea yo, estaba a punto de explotar, preparándose para la reacción química.

En mi cabeza rondaban continuamente todas esas chicas indecisas, observando las actitudes y gestos de los demás. Pensando en qué ponerse. Peinándose durante horas. Preparándose para que nadie pudiera llamarlas imperfectas. Esperando gustar. Sonriendo sin ganas y callando sin ningunas. Todas esas chicas inseguras a las que les rompían el corazón. Que deseaban ser la mejor en algo, en lo que fuera, porque si no lo eran, definitivamente, eran la peor. Siguiendo modas a coste de cuerpo y personalidad. Estudiando el comportamiento ideal para gustar a cuanta más gente mejor. Todas esas chicas preocupadas y correctamente dubitativas me preguntaban, ya a los dieciséis: ¿no tienes miedo?

Entonces ocurrió; como en una escena a cámara lenta moví mi boca y se produjo la explosión:

«No.

»No tengo miedo».

Había sucedido. La chica que jugaba con cerillas dijo «no tengo miedo» y entonces algo explotó.

«Bum.»

La explosión solo se escuchó dentro de mí, pero las consecuencias fueron absolutamente terribles. Todo a mi alrededor comenzó a arder a un ritmo vertiginoso:

«Estás pasándote de la raya». «No te pongas eso.» «No puedes escribir eso en una redacción.» «Pero qué haces con los labios negros.» «¿Eso es una camiseta rota con la frase “tírame a la basura”?» «Por Dios, contrólate.» «Para de hacer eso.» «No hables así.» «Todo el mundo te está mirando.» «Mira con qué cara te miran.»

Todas esas personas ponían la mi ...


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